El presupuesto y el valor de los servicios
El presupuesto y el valor de los servicios
En lo personal, pienso que la presentación del presupuesto a mis clientes debe ser siempre una operación transparente, razonable, sencilla y lógica, tanto para ellos como para mi. Es el momento en el que se conoce el valor que doy a mis servicios y aunque busco siempre ofrecer precios bajos y justos, es normal que cada parte proteja sus intereses y busque siempre los mejores resultados.
El presupuesto formaliza el precio final de mis servicios prestados y es un documento con fecha de caducidad, ya que los precios pueden variar cuando pasa un plazo de tiempo, pudiendo estos bajar o subir.
La presentación de un presupuesto no supone ningún compromiso para el cliente, pero si este lo acepta, entonces debe actuar de buena fe y respetarlo, de la misma forma que yo me comprometo a conservar intacto el desglose de servicios prestados que queda presente en el presupuesto.
El valor del presupuesto gratuito.
La presentación de un presupuesto es completamente gratuita, pero elaborar un desglose de servicios creativos personalizados en exclusiva para cada cliente no es simplemente pensar una cifra. Ya que el trabajo a realizar puede variar mucho según el pedido de cada cliente, los conceptos en el desglose del presupuesto deben ser calculados no solo por el tiempo que se invierte en ellos, también por la complejidad de cada uno y el esfuerzo que conllevan. Algunas fases del trabajo son puramente técnicas, en cambio otras son creativas y artísticas. Esas diferencias deben tenerse en cuenta y valorarlas de forma correcta en el presupuesto.
Solo después de valorar cada parte del trabajo que realizaré para el cliente, hago una suma y finalmente los ajustes para ofrecer siempre los mejores precios que puedo permitirme.
Si el cliente es capaz de encontrar servicios de la misma calidad a menor precio, yo seré el primero en recomendar que se vaya con la competencia. A día de hoy, esto nunca ha ocurrido.
El cliente jamás debe pagar por nada…
…y el diseñador tampoco debe trabajar para nada. No tiene sentido y el robo es igual de desagradable en ambas partes. Todos podemos imaginar este tipo de casos y no queremos que nos ocurra. Puedo contar casos personales donde clientes me aceptan un presupuesto y me pongo a trabajar, pero al entregar el trabajo me he quedado esperando el pago por mis servicios.
Por este motivo intento regular el acuerdo con mis clientes dividiendo el pago en dos mitades. La primera mitad solo se solicita cuando el cliente puede confirmar que he comenzado a trabajar en su pedido o proyecto (presentación de bocetos, desplazamientos, etc) y la segunda mitad del pago al final del trabajo, en el momento de la entrega.